El decirlo me hace sentir libre. No necesariamente bien. ¿Sabes cómo?
Como la libertad sin aire. Como la resolución de verdades sin cabeza.
Ahora la típica larva de fuego despide llamas que succionan la miel de la armadura y las abejas se alejan.
Todo sabe a café de octubre y la armadura se oxida.
Golpes de adrenalina al cerebro mezclados con paja.
La cobra se me enreda y me hipnotiza otra vez.
¿Su voluntad o mi voluntad? Ya no es relevante los dos somos uno.
Mi noche es el sol.
El decirlo me hace sentir libre. No necesariamente bien. ¿Sabes cómo?
Como las palabras de la sabia maestra que retumban de nuevo aun cuando no quiero escucharlas, aun cuando me rehúso a escribirlas y me niego a pensarlas... no puedo evitar inhalarlas y darme un pason de letras que quisiera vomitar pero se me cuelan en cada poro.
Así.
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