Era de noche. Silencio absoluto, el cerebro del guerrero; lleno de agua
turbia, pececillos inquietos y calamares que se pegan y no dejan pensar con
claridad. Llegan los extremos, piensa en recorrer mares lejanos y le confunde
el significado de todo lo acontecido aun cuando sabe que todo está hecho de
agua. Sus alas se han ido transformando en un Kea y a veces se le olvida que
las tiene.
Poseer la fuerza destructiva y creadora del mar sin duda confunde. Hace solo 5 años que decidió ser el guerrero del agua, crecer como el océano y abarcarlo todo. Juro que nadie lo tiraría de su ola, se convirtió en el gran creador y destructor de lo que se encuentre en su camino, sediento de conocimiento, de alcanzar lo que no se puede alcanzar, de lograr lo que quiere, cuando quiere, de anular y ahogar lo que estorbe. El guerrero impaciente, no espera, solo llega, consume y se va.
Hoy nuevamente se siente en pecera de cristal, viendo desde adentro asfixiado del agua de su alrededor pero renuente a tratar con el exterior. Entonces recuerda que casi se convirtió en lago en 2 ocasiones. Pero en ese momento quienes estaban con él rompieron en pedazos la calma que tanto le costó acumular. Entonces olvidó como ser lago y se volvió tsunami que buscaba asfixiarse a sí mismo.
Las marejadas ya pasaron, hoy la noche le da la comprensión que le faltaba. Contemplar la luna le hace ver nuevos colores y su mirada se vuelve color aceituna. No entiende la transformación de sus ojos pero comprende lo que sigue, entiende su lugar y momento en el mundo. Se siente tranquilo, controla las olas.
Poseer la fuerza destructiva y creadora del mar sin duda confunde. Hace solo 5 años que decidió ser el guerrero del agua, crecer como el océano y abarcarlo todo. Juro que nadie lo tiraría de su ola, se convirtió en el gran creador y destructor de lo que se encuentre en su camino, sediento de conocimiento, de alcanzar lo que no se puede alcanzar, de lograr lo que quiere, cuando quiere, de anular y ahogar lo que estorbe. El guerrero impaciente, no espera, solo llega, consume y se va.
Hoy nuevamente se siente en pecera de cristal, viendo desde adentro asfixiado del agua de su alrededor pero renuente a tratar con el exterior. Entonces recuerda que casi se convirtió en lago en 2 ocasiones. Pero en ese momento quienes estaban con él rompieron en pedazos la calma que tanto le costó acumular. Entonces olvidó como ser lago y se volvió tsunami que buscaba asfixiarse a sí mismo.
Las marejadas ya pasaron, hoy la noche le da la comprensión que le faltaba. Contemplar la luna le hace ver nuevos colores y su mirada se vuelve color aceituna. No entiende la transformación de sus ojos pero comprende lo que sigue, entiende su lugar y momento en el mundo. Se siente tranquilo, controla las olas.