Ahora que estoy conmigo, como antes, como siempre; surgen dudas. No de ti o de mi, dudo del tiempo, del devenir, de la familia tradicional, de la rutina, del tercer mundo, de mi mal lograda ambición, de la efímera felicidad, de mi egoísmo, de lo que tengo y lo que me falta.
Quiero océano eterno, cielo despejado, una cabaña al final de la noche, movimiento, riesgo, conocimiento, profundidad en el agua clara, respirar sin ahogarme, abismos sin fondo, comodidad, tranquilidad y libertad.
Me siento verde y si uno se empeña en hacer madurar la fruta, de seguro conseguirá que caiga y tendrá sabor artificial, fruta indigesta. Indigesta como pez sin aletas, conejo sin suerte, silencio sin ruido, adivinanza fácil, sueños superfluos, izquierda creyente, borregos sin sesos, opinión sin fundamento, hablar sin pensar, oír sin escuchar, adicción cobarde, conversación sin fondo, vómito no provocado, competir para no ganar.
Si compites asegurate de que puedes ganar y lucha por la victoria. ¿Competir por competir? Es mejor no hacerlo. Es cómo pararse debajo del puente de los escupitajos y esperar salir limpio. Si estás dentro gana.
No crean que olvide lo que tenía que contarles, el problema es que aquí hay tanta luz…todo es culpa del mar que me apasiona porque no hay ser más bello que tú: transparente, inestable, poderoso, inmenso, independiente, sin reglas, sin miedo. Todo lo que deseas puede ser tuyo y todo lo que aborreces puedes destruirlo. Quizá todo este relato es porque ahora sólo quiero ser tú, quiero intentar ser como tú.
Atte: Eduardo A.L.J.
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